No es sencillo el camino que nos lleva a la convicción de un único dios. Y lo más difícil no es que la historia haya estado y esté plagada de una miscelánea de múltiples tipos de divinidad, sino que la idea monoteísta rápidamente se convierte en una idea intolerante y excluyente, necesitada de una jerarquía llena de privilegios. La gran idea del único dios suele deformar a aquel en quien dice creer. La religión suele tomar a dios y volverlo un muñeco. En el camino del monoteísmo confundimos a Yavé con el ser supremo que describió la filosofía, y no. No son lo mismo.