Aunque llevemos mucho tiempo siguiendo al Señor siempre podremos amarle más y nunca es tarde para rectificar: algunos santos se convirtieron después de llevar una vida cristiana mediocre.
Lo que está claro es que si no ponemos nuestro corazón en Dios lo podremos en otros amores.
Ahora se lleva mucho hablar de las “segundas oportunidades”, quizá porque la adolescencia se ha retrasado hasta pasado los cincuenta años.
Nunca es tarde para dejar la tibieza de nuestro amor a Dios: Él nos da continuas oportunidades.