Hay encuentros creativos que parecen inevitables. Dos miradas distintas que, al cruzarse, dan forma a algo que trasciende a las dos. Por eso, cuando la imaginación visual de Michel Gondry se encontró con la mente laberíntica de Charlie Kaufman, el cine descubrió una historia de amor que se descompone como un recuerdo borrado; una fábula visual sobre la memoria, la pérdida y la imposibilidad de escapar de uno mismo. Hablamos de «¡Olvídate de mí!», una de las grandes obras cinematográficas de lo que va de siglo. Una cinta generacional y que, sin embargo, como su protagonista, ha conseguido sortear las trampas de la memoria hasta convertirse, hoy, en el eterno resplandor de una película inmaculada.