Solemos escuchar, incluso sentir, que las comedias románticas son un placer culpable; como si dejarnos llevar por su fórmula fuera una pequeña vergüenza que conviene esconder. Pero quizá el problema no esté en los clichés ni en la vida sofisticada de sus protagonistas, sino en lo que todos ellos tienen de espejo: en el reflejo de nuestras aspiraciones y en el recuerdo de esa hora y media en la que quisimos que todo saliera bien. Hoy hablamos de un género a través de cinco de sus grandes películas, y tenemos la impresión de que la risa (y por supuesto el amor) merecen una mirada más honesta.