El evangelista nos hace saber que los apóstoles no entendieron a quién se refería. Más tarde, Juan, meditando lo sucedido, lo comprendió. Por eso añade un comentario que Jesús dijo (13, 18): Tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado” (Sal 41, 10; cfr. Sal 55, 14) (cfr. Ibídem, p. 85).
Qué tristeza da la traición de un hermano, de un amigo, de un esposo... Cuanto duele si es de nuestra sangre, y todavía es más incomprensible si lo has elegido tú como confidente.