Todos los que nos conocen saben perfectamente de que? pueblo somos. Incluso, a veces, hay quien nos identifica con el lugar de procedencia.
Hace unos an?os, cuando se haci?a la mili, era normal que los mandos llamaran a los reclutas por el nombre del pueblo de donde veni?an: –Oye, Valencia, co?rtate el pelo.
El lugar de procedencia marca nuestra vida. Nuestra «comarca» es lo mejor del mundo, a pesar de lo que digan los dema?s.