Nuestra alimentación espiritual sólo depende de decidir generar en nosotros ese dulce néctar que surge del pensamiento alineado con la fuente amorosa. Tenemos el poder de elegir las ideas y recursos mentales que nos ayuden a crear una percepción más inocente y amorosa, una forma de ver que nos arrope y consuele, que nos eleve por encima de todas esas circunstancias que al margen de nuestro juicio personal, siempre nos muestran algo que tenemos que aprender o asimilar.
El contento interior procede de una voluntad que se ha unido al Amor, que se reconoce como fortaleza e inocencia, como dulce néctar de vida.