Cuando activamos la Gracia de la Fortaleza nuestra mirada se dulcifica y apacigua, es capaz de sostener cualquier evento, por muy desagradable que se presente, y responder desde el Amor, con humildad, pureza y coherencia.
El discernimiento, que es inteligencia al servicio del Amor, despliega aquí su eficacia y razón de ser para mostrarnos que ser fuerte ante los desafíos pasa por la mansedumbre, la inocencia y la calma, frente a la ira, la cobardía y la agresividad.
Abrir el corazón, con ternura y valentía, es florecer para luego fructificar y ofrecer la Belleza de la paz, la reconciliación y el no juicio.