87º - RIOS DE HIERRO Y PLATA.
Los tronos relucen mientras las calles gimen,
los discursos se disfrazan de promesas,
y el pueblo arrastra su vida como barro,
Quevedo hubiera escrito, “No es la pobreza delito,
mas sí lo es quien la engendra,
que hay manos llenas de mundo
y otras vacías de tierra.”
“Mientras suben ellos, bajan las conciencias”,
Bécquer hubiera sentido la melancolía de cada mirada perdida,
y Chema Muñoz observa a quienes hacen y deshacen,
Cada obrero que levanta ladrillos,
cada enfermero que salva vidas,
cada maestro que enseña,
son los verdaderos reyes del mundo.
Suben los denarios, bajan las almas y el poder adquisitivo,
el poder que olvida al pueblo siembra ruina,
el esfuerzo de los invisibles construye patria.
La memoria pesa, la indiferencia hiere,
cada calle rota, cada casa olvidada se hunde,
es testigo del sacrificio que otros sostienen,
y mientras los ricos celebran con copas de cristal,
los invisibles escriben la historia con sudor y esperanza.
El olvido duele, la fuerza permanece,
cada sombra que camina en la madrugada,
cada gesto humilde que sostiene la vida,
grita que la historia pertenece a los que aman y trabajan.
Quien protege y valora al otro crea eternidad;
quien olvida, siembra su propio fracaso.
Chema Muñoz©