El Sen?or quiere que demos fruto. Para eso nos ha puesto en la mejor de las vin?as.
«Yo os he elegido del mundo, para que vaya?is y deis fruto, y vuestro fruto dure» (Jn 15, 16).
La primera vin?a de Dios fue el pueblo de Israel (cfr. Is 5, 1-7). «La vin?a del Sen?or, dice el Salmo, es la casa de Israel» (Sal 79).
No ha habido una nacio?n como e?sta en toda la historia de la Humanidad: tan mimada por Dios mismo.