Cuando acaricia la brisa
se me antojan los recuerdos de los aromas
que antaño tenían las cosas.
Cómo soplaban los vientos de la niñez
y traían en sus manos los olores de la noche,
los miedos y temores que se borraban
al paso de los sueños acunados por las nanas,
y un retazo de caricia que con sus manos
dejaba en mi frente mi madre.
Luego llegaron aires de adolescencia,
y tú... aún tengo grabado en mí
las fragancias de tu pecho turgente,
virgen y entero, el perfume de tu rostro,
y el color de tus mejillas.
Recorrieron mi nariz el dulzor de nuestros hijos
y mezclado con las lágrimas ese sabor agridulce
cuando dijeron - ¿Adiós?
Y ahora
que ya los sentidos mueren,
desde nuestra soledad y cuando sopla la brisa
se me antojan los recuerdos
de los aromas que antaño
tenían las cosas.
CHEMA MUÑOZ©