Yo no quiero remansos, que el remanso es reflejo de paz,
yo quiero reflejar, la aridez del viajero
que deshace y renueva la vista allá entre nubes,
ese volar constante, el constante bullicio de gentíos
del mundo, ser ese trotamundos hacedor de caminos
por donde nuevos pies dibujen horizontes.
Yo no quiero remansos por calor o cansancio
que te traen y te llevan al maldito descanso,
ese descanso último que te hace volar
en un sueño de olvido.
Quiero ser el aullido del amanecer eterno,
salirme de los infiernos de la sombra del otoño,
prefiero ser retoño cual vid en viejo barbecho,
quiero tener el pecho hendido de alegrías,
ver cantar amapolas y florecer orgías de besos
en besos tuyos, sostener en arrullo vidas que se renuevan
aunque cueste universos volver a ser estrella.
Yo no quiero remansos,
es remanso un reloj que se muere en la espera,
la corriente del río parándose en la orilla
y hacerse pedregal y dormir para siempre,
quiero ser golondrina de las que escribe Estepa,
sin paradas en aire, volar, volar por siempre
aunque en el aire muera.
CHEMA MUÑOZ ©