.He borrado de nuevo los apuntes
y lijado la madera de mi vida
para que no quede ni rastro del que fui,
para que nadie sepa nunca más de mis enseres.
He revuelto el manojo de las llaves
para que nadie sepa con cuál de ellas abro
el alma, y he cerrado las olas de los mares,
¡ahora no habrá más espuma en las orillas!
Sólo deseo los cielos congelados
porque en ellos se reflejan ecuaciones
que nacen cada vez que cuento estrellas
y al final sólo dan la luz que da la muerte.
Se me escucha desde afuera cuando canto,
al cantar se callan los incendios
que surgen desde el fondo de los barros,
esos barros que antes fueran lodos
que arrastraran mis metas al olvido.
Voy a marcar un cero en la salida,
correrán mis latidos a tu encuentro
pisando como a nubes las arenas
y haciendo de sonrisas un espectro.
Sólo me mira la agonía del instinto
que anida entre los bosques,
que se enfunda con las manos del terror
de mis ojos, con la sed de los latidos
del ese trigo que crece al calor de tu boca.
Mi hogar se transporta en mis espaldas
y tu pelo en vuelo de paloma
se ha enlazado nuevamente en mi inocencia,
no quisiera morir siéndote esclavo
pues he de romper los lazos y respirar sin ti
hasta saber navegar para nunca naufragar.
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Chema Muñoz©