Se quedó en el patio la pelota,
el olor a lluvia y el cuaderno,
aquella risa clara, ya remota,
que nos salvaba de los fríos del invierno.
La vida es una página rota,
un viaje hacia lo oscuro, hacia lo eterno,
donde el niño que fuimos nos observa
pintando versos y un te quiero en su cuaderno.
Desde una vieja dolida y mágica reserva,
de la inexperta bofetada de monsergas.
Aquel tiempo de pan y de canela,
de trenes de cartón y de esperanza,
se fue volando como una tela
en el aire de la desconfianza.
Hoy la memoria es una humilde vela
que en la penumbra de la edad avanza,
recordando el sabor de la alegría
y olvidando el dolor de la nostalgia.
No vuelvas la mirada, que te duele,
el pasado es un reino clausurado,
deja que el viento del tiempo vuele y vuele
sobre el jardín de lo que hemos ya pisado.
Pero que nunca el corazón recuerde
de aquel niño puro y entregado,
que jugaba a ser Dios sobre la arena
sin saber del dolor ni de la pena.
Chema Muñoz©