9º “La Tierra Herida”
La tierra no grita en idiomas,
pero cruje bajo nuestras pisadas,
hay cadáveres en el fondo de los ríos
que ya nadie recuerda ni nadie pronuncia.
El viento trae polvo antiguo
de bosques ya desaparecidos;
las montañas guardan silencio
como ancianos que lo han visto todo.
Se secan manos antiguas,
se agrieta el surco del pan;
la lluvia llega tarde y el bosque aprende a arder,
los campos miran al cielo esperando su perdón
pero las semillas dudan si vale la pena brotar.
Hemos cambiado raíces por pantallas,
mares por plástico, montañas por cifras en ascenso;
hemos firmado contratos con el humo del corazón,
hemos llamado progreso a la prisa sin memoria,
y crecimiento al consumo sin un interés común.
Y, sin embargo, la tierra insiste,
como madre que no renuncia al hijo torpe,
insiste en cada naciente primavera,
en cada árbol que rompe el asfalto,
insiste en el latido verde
sobreviviendo a la devastación.
En cada brote verde hay una súplica,
en cada especie perdida un silencioso fundamento,
los glaciares se retiran poco a poco,
los océanos suben su discurso siempre en contra;
porque la naturaleza no debate, responde.
No somos dueños del barro que pisamos,
somos huéspedes breves de esta trama
que hiere la casa que lo alberga
y llama a su destino al frio invierno,
y cuando la factura llegue sin aviso,
no habrá tecnología que negocie con la vida;
la tierra no se venga de sequias, pero tampoco olvida.
Chema Muñoz©