Después de Avándaro, nada volvió a ser igual.
La década de los setenta marcó uno de los capítulos más complejos, rebeldes y resistentes del rock mexicano.
El Festival de Avándaro, la polémica, el veto no escrito, los hoyos funkys, el nacimiento del rock urbano y aquellas bandas que se negaron a dejar morir una escena que parecía condenada al olvido.
Una década de resistencia, barrio, guitarras distorsionadas y música hecha contra corriente.