Homenaje a un poeta aún latente en los corazones
de los muchos que laten allende de los tiempos.
A CÉSAR VALLEJO. Creo que se desliza a través de las contiendas
que se traen entre manos los deseos de estar
en todas las batallas.
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Que se ruje en la espera del que espera el resuello
para seguir cantando y escribiendo a la arena.
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Ser esa pancarta que rezuma dolores,
el dolor de su sangre, el dolor de estar solo
él, su soledad y solo la palabra.
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Creo que se cree aún después de estar muerto,
que las penas se hunden como el agua en las piedras,
y se vive en la muerte cuando comen hormigas
las pieles de la tierra.
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Creo que las afirmaciones se nutren desde dentro
de aquellas procesiones que se mueren y niegan
esas piernas que huyen cuando son descubiertas.
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Creo que aún vive desde la misma muerte
a pesar de no ver flores desde su tumba,
ni recibir visitas que le traigan presentes.
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También creo de Vallejo que grita más miedo de no tener visitas,
que por la soledad que no sirve de nada cuando llega la tarde.
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Yo quisiera creer en aquellas ausencias
más lejos de lo lejos desde su cautiverio,
y el temor que lo tiene ausente de los bronces
que regalan amigos después de haberse ido.
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Yo quisiera y lo creo, que sus besos de muerto
murieron con los besos ya tenues, abrasados
por aquellos deseos de las lenguas hambrientas
de espuma de un mar muerto.
Chema Muñoz ©