Sí, es difícil entregarle TODO a nuestro Señor, pero la retribución a la que estamos destinados sobrepasa cualquier valor material al que el mundo trata de limitarnos. El reto es emprender esas renuncias, ese sacrificio, sumergidos en Su amor, esto cambiará completamente la idea de que la entrega es dolor, para convertirlo en un gusto enorme y en un poder ir todavía más allá.