Lo di todo. Todo, de verdad. Juro que nunca había entregado tanto. Ni mi ilusión había sido tan grande, ni mi vértigo había volado tan alto. Que nunca había sido tan yo, ni ser yo nunca había sido tan fácil. Juro que estaba en mi lugar. Que decidí ser, querer, y estar. Que no me equivoqué, que valía la pena hasta confiar. Que era como cuando lo escribía, pero de verdad. Que no tenía nada que fingir, porque era toda mi realidad. Que no había porqué mentir, porque tenía todo lo que me nacía para dar. Juro que nunca inventé, que no fue un papel, que no había maldad. Juro que esto es lo que soy, aunque ella no lo llegue a ver jamás. Sentí el calor de lejos, sentí la confianza, la fé, el miedo, sentí todo lo que se siente al estar. Sentí la pausa, y di mi hueco. Sentí la calma, guardé silencio. Sentí que estaba, da igual el miedo. Sentí que sentía y sentí que era cierto. Sentí que entregaba y sentí ser devuelto. Sentí madrugadas, sentí hasta los besos. Y juro que nunca mentí, y a día de hoy es lo único que prometo. Pero las promesas nunca bastarán, porque cuando murió mi padre empecé a escribir, y ahora solo soy un escritor, y por lo visto a ojos del mundo tan solo escribo, pero no siento.
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