A ORILLAS DEL MAR MUERTO.
Se gritan a la noche los versos
y quedan madurando al calor de los sueños,
nunca abrazo palabras antes de haber nacido
desde aquellas montañas que se ven a lo lejos
por si nacen al tiempo relámpagos, y hogueras
se enciende mordiendo lo prohibido.
Los espacios se cierran embargando los besos
que agarran las banderas de aquellas fronteras
puestas en nuestras pieles.
No quieren dejar que sus viejas historias
retumben en latidos de nuestra juventud,
ritmo de soledades se remontan el vuelo
golpeando en el viento tímpanos de palomas.
Aún llevamos heridas clavadas en la frente,
las aguas del molino se han tornado en desidia
nada tiene ya nombre ni sentido de magia
somos como un espejo desdoblando la vida
no se nace ya hombre sino cuerpo de injertos.
Es díscolo el que canta y abandona la guardia
al tic-tac de una clave agresiva y desnuda,
venciendo los barrotes enterrando su estirpe
detrás de las esquinas.
No podemos dejar en manos de la nada
lo que hemos creado, los colores, las aguas,
aquellos andurriales de paso hacia los cielos,
estamos y somos como trompos en tromba
golpeando sin tregua todo lo que miramos.
Es mejor humillarse a los años que crecen
dentro de nuestra vida que dar esa mordida
a la vida de otros, coceando cosechas
que costaron mil años y dejando la sangre
en ranuras de historia.
No perder la memoria que quieren que perdamos
ni esas pluma de ángel que vestimos aún
algunos que caímos a orilla del mar muerto.
Chema Muñoz©