Casi creía que la mar estaba dominada del todo
como todos los vientos como todo en la tierra,
la tierra es un cuerpo celestial con su latido único
con esa vida propia que libera huracanes
y retira despojos y se lava la cara de insultos
y destrozos que le vienen del hombre.
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Ella no cambia nunca, tú le das,
te devuelve con todo el regocijo
la parte que te vale para aprender de nuevo
y esconder esa mano que solo son insultos.
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La tierra es exabrupto y dolor y volcanes
escupiendo las sombras para vencerte
siempre en las batallas, siempre en tierra
y mar y allá en los cielos donde pone murallas
para ser insalvables, sin puertas y con salidas
tan solo en destrucción.
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Se revela en espumas y te acoge en la cuna de sangre
que has buscado sin pedirle permiso,
floreciéndose siempre después del sacrificio
de millones de seres sin tener culpa alguna.
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La tierra es el espectro y es el reflejo de esta humanidad,
ella reparte suerte, cuando le das amor, y te acorta la vida
cuando quieres robarte el aire, las llanuras, los bosques
la inocencia de todo lo que vive.
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Los disturbios que creas se revuelven en contra
de aquellos que motivan llamas en la inocencia,
lágrimas en la infancia, y esas muecas de muerte
que quedan en la tierra cuando llega el otoño.
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Casi creía que la mar estaba dominada del todo
Todavía nos cuida a pesar de nosotros.
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Chema Muñoz©