Hermanos y hermanas: Hoy, la liturgia nos habla del dar, pero de darlo todo, aunque lo que demos sea lo último que tengamos. Esta es una invitación espera de nosotros radicalidad en la generosidad, esa misma radicalidad de la viuda que lo dio todo antes de morir de hambre o la que dio lo último a la puerta del templo. Y nosotros, ¿qué tan generosos podemos ser? ¿Qué tan capaces de compartir somos? No solo bienes económicos sino también nuestro tiempo, nuestras capacidades en favor de los más necesitados.