Aún hoy en día, luego de más de 35 años, me asusta recordar lo que cuento en este capítulo. Y aún, luego de tanto tiempo, no encuentro explicación alguna para lo que sucedió. De esos cuentos propios de los pueblos, que ahora trasciende el tiempo y las fronteras. Rosario Almarza fué una niña que murió el mismo día que hizo la primera comunión, y una de sus apariciones se convirtió en lo que hoy cuento.