Una fe tibia, no es completamente fría, pues no niega a Dios, pero tampoco es caliente. No responde con obediencia, celo ni entrega. Se adapta, se acomoda, sobrevive, pero no transforma. Y, como el termostato dañado, no cumple el propósito para el cual fue diseñada. Se puede vivir así, pero no es así como Dios quiere que vivamos.
“Él te ha mostrado, oh hombre, lo que es bueno;
¿y qué pide Jehová de ti?
Solamente hacer justicia, amar misericordia
y humillarte ante tu Dios.”
Miqueas 6:8