Un año después de la caída de Bashar al-Assad, Siria ha dejado de ser el bastión que sostuvo durante décadas la proyección regional de Irán. El colapso del régimen no solo derribó una dictadura: desmontó el corredor estratégico que conectaba Teherán con el Mediterráneo y debilitó la capacidad iraní de influir en Líbano, Irak y el propio Levante.
Este editorial examina cómo la retirada forzada de asesores, milicias y estructuras logísticas ha dejado a Irán sin su plataforma estatal en Siria, revelando el enorme coste económico y social que el régimen trasladó durante años a su propia población. También aborda la fragilidad del nuevo poder en Damasco, las incógnitas sobre la influencia residual iraní y el riesgo de que el vacío actual se llene con viejas redes y actores oportunistas.
Un análisis crítico sobre el fin de una apuesta geopolítica que parecía inamovible, y sobre el precio que pagan los países cuando sostienen sus ambiciones exteriores a costa de su propio derrumbe interno.