El más lúcido, y feminista, análisis de Jane Eyre lo realizó Adrienne Rich en un ensayo titulado "Jane Eyre: las tentaciones de una mujer sin madre". En él la Rich, que a estas alturas debería ser como mínimo candidata al Nobel, nos recuerda que la novela de la Brönte es un "manifiesto feminista". Basta para ello recordar párrafos como el que sigue:
"Se supone que las mujeres generalmente son muy calmadas, pero las mujeres sienten tanto como los hombres, necesitan ejercicio para sus facultades y un terreno para encaminar sus esfuerzos tanto como sus hermanos; sufren las restricciones rígidas, el estancamiento absoluto con la misma intensidad que las sufrirían los hombres y es estrechez mental que sus compañeros privilegiados afirmen que ellas deberían dedicarse exclusivamente a hacer pasteles y a tejer calcetines, a tocar el piano y a a bordar. Es insensato condenarlas o reírse de ellas si buscan hacer más cosas o aprender más de lo que la costumbre ha señalado que es necesario para su sexo".
"¡Te digo que debo irme!.... ¿Crees que puedo quedarme hasta convertirme en nada para ti?¿Crees que soy una autómata, una máquina sin sentimientos?... ¿Crees que porque soy pobre, desconocida, sencilla y humilde no tengo ni alma ni corazón? ... Estás equivocado, tengo un alma tan digna como la tuya y un corazón tan pleno como muchos otros... No te estoy hablando en este momento con el lenguaje de la costumbre y de convenciones ni con el de la carne mortal: ¡es mi espíritu que se dirige al tuyo, como si ambos hubiésemos pasado por la tumba, y estuviéramos frente a Dios, iguales- como somos!".
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