"El que es demasiado cómodo para pensar por su cuenta y erigirse en su propio juez, se somete a las prohibiciones, tal como las encuentra. Eso es muy fácil. Pero otros sienten en sí su propia ley; a esos les están prohibidas cosas que los hombres de honor hacen diariamente y les están permitidas otras que normalmente están mal vistas. Cada cual tiene que responder de sí mismo.
De pronto, como si se arrepintiera de haber hablado tanto, enmudeció. Ya entonces intuía yo de forma aproximada lo que Demian sentía cuando actuaba así; pues aunque solía exponer sus ideas de una manera muy agradable y aparentemente ligera, detestaba «hablar por hablar», como me dijo un día. Notaba en mí que, junto al auténtico interés, había demasiado juego, demasiado placer en el parloteo intelectual; en una palabra, falta de absoluta seriedad."