Una sociedad que califica la vida, que la prejuzga, que antepone lo económico, a los seres humanos, una sociedad que reniega del derecho a vivir, es una sociedad moralmente enferma. Todos los seres humanos tienen derecho a vivir. Y es una responsabilidad moral ineludible, proteger el derecho a vivir de todos los seres humanos. Pero aún más la de proteger la vida de aquellos que están absolutamente indefensos, los no nacidos. La libertad tiene dos caras inseparables: elección libre y asunción de la responsabilidad de nuestras elecciones y sus efectos en los derechos de los demás.