En resumen, el estatismo, el socialismo, es una máquina de generar corrupción. Y la corrupción mata. Si dejamos a los políticos pensar solo en sí mismos, si les perdonamos todo en función de si son o no de los nuestros, todo España seguirá sumiéndose en el caos y el tercermundismo. El socialismo, esa enfermedad, ese virus que se extiende por todas las organizaciones políticas españolas en mayor o menor medida, la adoración de lo público y del Estado como ascensor social, la negación de la meritocracia, el esfuerzo y la gestión eficiente, en suma, el socialismo, es una máquina de corrupción.