El nacimiento de un hijo trae un gran gozo, pero la crianza también puede venir acompañada de mucha ansiedad. Ante esto, podríamos pensar: «Si tuviera un hijo perfecto, no tendría nada de qué preocuparme». Sin embargo, María, a pesar de que tenía al Hijo perfecto, vivió claramente bajo grandes presiones. El pastor Colin nos explica las razones de ello.
Pasaje: Juan 19:25-27
—
Síguenos en Facebook, Instagram, X, YouTube y WhatsApp
Da de vuelta: Comparte tu testimonio | Sé nuestro aliado