La Pascua de los que se sienten muertos.
Lo confieso: son mi debilidad. Los que sufren. Los excluidos del lenguaje religioso exitista que por más fuerza que hagan por creer, no sienten, ni ven, ni viven un cambio en sus vidas que los haga felices. Se aferran con desesperación a una esperanza que escuchan se va a cumplir y no pasa nada. Entonces creer que será el año próximo, un poco más adelante, cuando haga tal cosa o cuando llegue tal otra. Hasta que pierden la fé…¿En quién? En alguien que fue torturado muerto y sepultado, cuyos seguidores fueron igualmente torturados y asesinados, por miles durante siglos y aún hoy. Entonces dónde hemos puesto la expectativa? Tal vez nos equivocamos de Dios…
Cuando se apagan las luces de las fiestas, saludos, cantos y exaltaciones emotivas, llega la hora de la almohada y se preguntan cuándo llegará su " tercer día"
Son mi debilidad no sólo porque el desamparo y el dolor no me dan lo mismo, sino porque hay una verdad cristiana que se eclipsa: el cristianismo no es una feria de ilusiones, es un drama preñado de esperanza. Hay resurrecciones que acontecen en el tercer día, a los cuarenta años, en tres siglos, en mil años o en el últimos instantes de la vida.. La alegría de la resurrección es para aquellos que han llegado a amar tanto los valores del Reino, que ya no les importa ni quién, ni cuando, ni dónde se harán gloriosamente visibles en la historia. Por eso pierden la vida, como Jesús, y como los grandes hombres y mujeres de la humanidad sin ver ni éxito, ni poder ni gloria. Pero el fuego que ardió en sus corazones tarde o temprano incendia generaciones... A los tres días, a los tres años o a los tres siglos.
Tu tercer día llegará, herman@, cuándo ames La Vida más que tu propia vida. Para eso hemos de morir para comprobar cuánta felicidad hay en arder ..
Que María nos enseñe esa alegría..Que como madre ha de parir en nosotros ese corazón. Esa es la resurrección que te deseo “ Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”