Si el matrimonio se considera radicalmente como una
alianza para la vida y como un sacramento de la salvación
ya no es posible exigir que se persevere en la alianza matrimonial en cuanto esté claro que un matrimonio no sólo ha dejado de servir para la salvación y para unas relaciones
humanas sanas, sino que incluso podría ser dañino: “El
Señor os ha llamado a vivir en paz” (1 Cor 7,15)».
B. HAERING, Está todo en juego - Gabriela Lasanta - Radio Galilea