Jesús se fue, pero nos dejó su Palabra que tiene todo el consejo de Dios para nosotros. Nos dejó el Bautismo para lavar nuestros pecados y darnos el Espíritu Santo, el mismo Consolador que les prometió a los discípulos. Nos dejó su cuerpo y sangre en la Santa Cena para que comamos y bebamos y alimentemos nuestra fe, y Jesús todavía hoy intercede ante el Padre por nosotros.