En Egipto (dice La Biblia), que una noche pasó la muerte y perecieron todos los primogénitos de los Egipcios. Pero en el pueblo de Israel, ninguno pereció, porque la Sangre del Cordero del Sacrificio (ordenado por Dios), estaba en los dinteles de las casas y la muerte pasó de largo. Hoy, la Sangre de Cristo, nos limpia de todo pecado y nos protege de todo mal. ¡Gloria a Dios!. /Una presentación de: "Ágape en la Radio Producciones".