Albertaeus

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Albertaeus episodes

  • NO TE RINDAS - Anónimo
    No te rindas, aún estás a tiempo
    De alcanzar y comenzar de nuevo,
    Aceptar tus sombras,
    Enterrar tus miedos,
    Liberar el lastre,
    Retomar el vuelo.

    No te rindas que la vida es eso,
    Continuar el viaje,
    Perseguir tus sueños,
    Destrabar el tiempo,
    Correr los escombros,
    Y destapar el cielo.

    No te rindas, por favor no cedas,
    Aunque el frío queme,
    Aunque el miedo muerda,
    Aunque el sol se esconda,
    Y se calle el viento,
    Aún hay fuego en tu alma
    Aún hay vida en tus sueños.

    Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
    Porque lo has querido y porque te quiero
    Porque existe el vino y el amor, es cierto.
    Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

    Abrir las puertas,
    Quitar los cerrojos,
    Abandonar las murallas que te protegieron,
    Vivir la vida y aceptar el reto,
    Recuperar la risa,
    Ensayar un canto,
    Bajar la guardia y extender las manos
    Desplegar las alas
    E intentar de nuevo,
    Celebrar la vida y retomar los cielos.

    No te rindas, por favor no cedas,
    Aunque el frío queme,
    Aunque el miedo muerda,
    Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
    Aún hay fuego en tu alma,
    Aún hay vida en tus sueños

    Porque cada día es un comienzo nuevo,
    Porque esta es la hora y el mejor momento.
    Porque no estás solo, porque yo te quiero.
    3 min
  • SORPRESA - Federico García Lorca
    Muerto se quedó en la calle
    con un puñal en el pecho.
    No lo conocía nadie.

    ¡Cómo temblaba el farol!
    Madre.
    ¡Cómo temblaba el farolito
    de la calle!

    Era madrugada. Nadie
    pudo asomarse a sus ojos
    abiertos al duro aire.

    Que muerto se quedó en la calle
    que con un puñal en el pecho
    y que no lo conocía nadie.
    1 min
  • UNA VEZ TUVE UN CLAVO - Rosalía De Castro
    Una vez tuve un clavo
    clavado en el corazón,
    y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo
    de oro, de hierro o de amor.
    Sólo sé que me hizo un mal tan hondo,
    que tanto me atormentó,
    que yo día y noche sin cesar lloraba
    cual lloró Magdalena en la Pasión.
    “Señor, que todo lo puedes
    —pedile una vez a Dios—,
    dame valor para arrancar de un golpe
    clavo de tal condición.”
    Y diómelo Dios, arranquelo.
    Pero... ¿quién pensara?... Después
    ya no sentí más tormentos
    ni supe qué era dolor;
    supe sólo que no sé qué me faltaba
    en donde el clavo faltó,
    y tal vez... tal vez tuve soledades
    de aquella pena... ¡Buen Dios!
    Este barro mortal que envuelve el espíritu,
    ¡quién lo entenderá, Señor!...
    2 min
  • ME LLAMO BARRO AUNQUE MIGUEL ME LLAME - Miguel Hernández
    Me llamo barro aunque Miguel me llame.
    Barro es mi profesión y mi destino
    que mancha con su lengua cuanto lame.

    Soy un triste instrumento del camino.
    Soy una lengua dulcemente infame
    a los pies que idolatro desplegada.

    Como un nocturno buey de agua y barbecho
    que quiere ser criatura idolatrada,
    embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
    y hecho de alfombras y de besos hecho
    tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

    Coloco relicarios de mi especie
    a tu talón mordiente, a tu pisada,
    y siempre a tu pisada me adelanto
    para que tu impasible pie desprecie
    todo el amor que hacia tu pie levanto.

    Más mojado que el rostro de mi llanto,
    cuando el vidrio lanar del hielo bala,
    cuando el invierno tu ventana cierra
    bajo a tus pies un gavilán de ala,
    de ala manchada y corazón de tierra.
    Bajo a tus pies un ramo derretido
    de humilde miel pataleada y sola,
    un despreciado corazón caído
    en forma de alga y en figura de ola.

    Barro en vano me invisto de amapola,
    barro en vano vertiendo voy mis brazos,
    barro en vano te muerdo los talones,
    dándote a malheridos aletazos
    sapos como convulsos corazones.

    Apenas si me pisas, si me pones
    la imagen de tu huella sobre encima,
    se despedaza y rompe la armadura
    de arrope bipartido que me ciñe la boca
    en carne viva y pura,
    pidiéndote a pedazos que la oprima
    siempre tu pie de liebre libre y loca.

    Su taciturna nata se arracima,
    los sollozos agitan su arboleda
    de lana cerebral bajo tu paso.
    Y pasas, y se queda
    incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
    mártir, alhaja y pasto de la rueda.

    Harto de someterse a los puñales
    circulantes del carro y la pezuña,
    teme del barro un parto de animales
    de corrosiva piel y vengativa uña.

    Teme que el barro crezca en un momento,
    teme que crezca y suba y cubra tierna,
    tierna y celosamente
    tu tobillo de junco, mi tormento,
    teme que inunde el nardo de tu pierna
    y crezca más y ascienda hasta tu frente.

    Teme que se levante huracanado
    del blando territorio del invierno
    y estalle y truene y caiga diluviado
    sobre tu sangre duramente tierno.

    Teme un asalto de ofendida espuma
    y teme un amoroso cataclismo.

    Antes que la sequía lo consuma
    el barro ha de volverte de lo mismo.
    5 min
  • SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA - Luis Cernuda
    Si el hombre pudiera decir lo que ama,
    si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
    como una nube en la luz;
    si como muros que se derrumban,
    para saludar la verdad erguida en medio,
    pudiera derrumbar su cuerpo,
    dejando sólo la verdad de su amor,
    la verdad de sí mismo,
    que no se llama gloria, fortuna o ambición,
    sino amor o deseo,
    yo sería aquel que imaginaba;
    aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
    proclama ante los hombres la verdad ignorada,
    la verdad de su amor verdadero.

    Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
    cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
    alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
    por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
    y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
    como leños perdidos que el mar anega o levanta
    libremente, con la libertad del amor,
    la única libertad que me exalta,
    la única libertad por que muero.

    Tú justificas mi existencia:
    si no te conozco, no he vivido;
    si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido
    3 min
  • VIVO SIN VIVIR EN MÍ - Santa Teresa de Jesús
    Vivo sin vivir en mí
    y tan alta vida espero
    que muero porque no muero.

    Vivo ya fuera de mí,
    después que muero de amor,
    porque vivo en el Señor,
    que me quiso para sí;
    cuando el corazón le di
    puso en mí este letrero:
    «Que muero porque no muero».

    Esta divina unión,
    y el amor con que yo vivo,
    hace a mi Dios mi cautivo
    y libre mi corazón;
    y causa en mí tal pasión
    ver a mi Dios prisionero,
    que muero porque no muero.

    ¡Ay, qué larga es esta vida!
    ¡Qué duros estos destierros,
    esta cárcel y estos hierros
    en que está el alma metida!
    Sólo esperar la salida
    me causa un dolor tan fiero,
    que muero porque no muero.

    Acaba ya de dejarme,
    vida, no me seas molesta;
    porque muriendo, ¿qué resta,
    sino vivir y gozarme?
    No dejes de consolarme,
    muerte, que ansí te requiero:
    que muero porque no muero
    4 min
  • APENAS TE HAS MARCHADO - Pedro Salinas
    Apenas te has marchado
    -o te has muerto-,
    pero yo ya te espero.
    Todos tus movimientos,
    pasos, latidos, ansias,
    o tu muerte, quietud,
    aunque arrastrarte quieran
    hacia una soledad
    celestial o terrestre
    no te saben llevar
    de lo que estás queriendo:
    te vas, pero te acercas,
    pronto, más tarde, luego.
    Ahora marchas, lo sé,
    a infinita distancia,
    pero laten tus pasos
    en todas esas vagas
    sombras de ruido, tenues,
    que en la alta noche estrellan
    el azul del silencio:
    todas suenan a ecos.
    Si es un rumor de ruedas,
    es que te traen los trenes,
    las alas o las nubes.
    Si es un romper de olas,
    es que va cabalgándolas
    el barco de cristal
    en que vuelves. Si hojas
    secas, que empuja el viento,
    es que vienes despacio,
    andando, con un traje
    de seda, y que te cruje,
    sobre los tersos suelos
    de los aires, su cola.
    Todo sonido en eco
    tuyo me lo convierte
    el alma que te espera.
    Andas sólo hacia mí,
    y tus pasos se sienten
    siempre de estar viniendo
    por la ausencia, ese largo
    rodeo
    que das para volver.
    Se te vio en tu marchar
    el revés: tu venida,
    vibrante en el adiós.
    Igual que vibra el alba
    en el gris, en el rosa,
    que pisando los cielos,
    con paso de crepúsculo,
    al acabar el día
    parecen-y son ella,
    la que viene, inminente-
    una luz que se va.
    3 min
  • VOCALES - Arthur Rimbaud
    A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales
    algún día diré vuestro nacer latente:
    negro corsé velludo de moscas deslumbrantes,
    A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias,

    calas de umbría; E, candor de pabellones
    y naves, hielo altivo, reyes blancos, ombelas
    que tiemblan. I, escupida sangre, risa de ira
    en labio bello, en labio ebrio de penitencia;

    U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,
    paz de pastos sembrados de animales, de surcos
    que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian.

    O, Clarín sobrehumano preñado de estridencias
    extrañas y silencios que cruzan Mundos y Ángeles:
    O, Omega, fulgor violeta de Sus Ojos.
    3 min
  • PLENITUD - Víctor Hugo
    Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,
    y puse entre tus manos mi pálida frente;
    puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento
    de tu alma, perfume escondido en la sombra.

    Puesto que me fue concedido escuchar de ti
    las palabras en que se derrama el corazón misterioso;
    ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,
    tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.

    Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada
    un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.
    Ya que he visto caer en las ondas de mi vida
    un pétalo de rosa arrancado a tus días,

    puedo decir ahora a los veloces años:
    ¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!
    Idos todos con todas nuestras flores marchitas,
    tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar.

    vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar
    el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.
    Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.
    Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.
    2 min
  • SE QUERÍAN - Vicente Aleixandre
    Se querían.
    Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
    labios saliendo de la noche dura,
    labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
    Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

    Se querían como las flores a las espinas hondas,
    a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
    cuando los rostros giran melancólicamente,
    giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

    Se querían de noche, cuando los perros hondos
    laten bajo la tierra y los valles se estiran
    como lomos arcaicos que se sienten repasados:
    caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

    Se querían de amor entre la madrugada,
    entre las duras piedras cerradas de la noche,
    duras como los cuerpos helados por las horas,
    duras como los besos de diente a diente solo.

    Se querían de día, playa que va creciendo,
    ondas que por los pies acarician los muslos,
    cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
    Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

    Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
    mar altísimo y joven, intimidad extensa,
    soledad de lo vivo, horizontes remotos
    ligados como cuerpos en soledad cantando.

    Amando. Se querían como la luna lúcida,
    como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
    dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
    donde los peces rojos van y vienen sin música.

    Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
    ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
    mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
    metal, música, labio, silencio, vegetal,
    mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
    4 min

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Albertaeus busca a su autor a través de los poemas que recita, porque quizá, en alguno de ellos, encuentre el sentido de su personaje; quizá en este canal tu encuentres al tuyo o, aún con mayor…