La enseñanza “Algo pendiente” nos confronta con una verdad incómoda: la reconciliación importa tanto como la adoración.
Jesús revela que el problema no es solo el conflicto externo, sino el desorden interno del corazón.
Antes de acercarnos a Dios, somos llamados a examinar si hemos fallado en amar al prójimo.
El perdón no minimiza la justicia, pero reconoce nuestra propia necesidad de gracia.
Reconciliarnos es un acto de humildad que refleja el evangelio que decimos creer.
Cuando enfrentamos lo pendiente, la adoración deja de ser un ritual y se convierte en verdad.