Aunque el cristiano genuino vive todos los días celebrando la Resurrección del Señor Jesucristo de entre los muertos, no obstante, el domingo de Pascua, es el día en que mayor énfasis se hace tanto entre los cristianos de occidente, como también de otras latitudes, de gente que le sirve al Señor de todo corazón, aún en medio de terribles persecuciones. Pero no se trata de una hermosa celebración anual, sino del llamado a una vida de compromiso y lealtad radical al punto de tener que morir a uno mismo, con tal de agradar a Aquel que dio su vida por nosotros, venciendo la muerte al resucitar al tercer día, haciéndonos partícipes de vivir en el Espíritu de la Resurrección.