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El santo amor inagotable de Dios demandaba justicia y la muerte de Cristo en la Cruz del calvario provocó la justicia necesaria para que hombres perversos y condenados como nosotros alcanzásemos, misericordia y que la gracia de Dios nos transformara
Existe una verdad que es inevitable para toda la humanidad, Dios juzgará a los hombres conforme a su evangelio anunciado.
No existe ningún ser en la historia de la humanidad que se asemeje a Cristo, el tomo nuestro lugar frente a Dios, tomo nuestra culpa, enfrento la ira del padre a causa de nuestro pecado, solo reconociendo esto podremos acercarnos a él, cualquier intento por parte nuestra de querer agradar a Dios por nuestras fuerzas, es un insulto a la obra de Cristo en la cruz
Sin Cristo, la vida no tiene sentido y el tiempo avanza sin detenerse hasta que la muerte nos alcance, solo en Cristo la vida tiene propósito, glorificarle a él.
Eres un verdadero redimido o un prosélito, ¿has tenido un encuentro real con Jesucristo?, o solamente has adoptado las costumbres y la manera de comportarte de la iglesia donde asistes?
Nuestra existencia no termina el día de nuestra muerte nuestro cuerpo es transformado para enfrentarnos al juicio de Dios
Debemos hacernos la pregunta ¿amamos a Dios?, si la respuesta es sí, se verá reflejado en una vida de obediencia a sus mandamientos, si decimos que amamos a Dios y no estamos obedeciendo sus mandamientos, debemos arrepentirnos, y retomar el rumbo.
Aunque el mundo se caiga a pedazos a nuestro alrededor, los redimidos estamos soportados por nuestro Señor, cada circunstancia y situación que vivimos, están puestas delante de nosotros por aquel que nos escondió en si mismo, el reconocer su señorío implica el reconocer su soberanía absoluta en nuestras vidas
Siempre en nuestra vida el orgullo es una amenaza, el pensar que Dios nos debe algo o que no es generoso y fiel con nosotros, es una clara muestra de cómo el orgullo mella nuestra relación con Dios.
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