Salir del vicio de creernos mejores que los demás implica reconocer que solo Dios juzga con verdad. Esto nos invita a humildad, a cuestionar nuestra mirada y recordar que somos criaturas, no dioses.
Las cosas creadas pueden acercarnos a Dios o también apartarnos de Él, si se convierten en ídolos. Por eso debemos mantener el corazón libre, renunciando a los apegos para buscar únicamente al Dios Eterno.