La verdadera Jerusalén es el Cuerpo de Cristo, de cuya carne redentora brotan los sacramentos, siendo Él el nuevo signo de la salvación y de la Alianza, especialmente presente en la Eucaristía.
La auténtica cercanía con Jesús consiste en tener un corazón obediente, convertido y lleno de amor hacia Él; estar cerca del Señor es dejarse vencer por su voluntad y vivir según el Evangelio.