El buenismo reduce la fe a normas sociales, ignorando el pecado, la verdad y la Cruz. El cristianismo, en cambio, llama a vivir plenamente la verdad para amar y servir mejor.
Dios y su Iglesia abren caminos incluso donde parece no haberlos. Estamos llamados a orar por el Papa y sacerdotes para que sean fieles a la voluntad de Dios y al Evangelio.