Dios Padre no juzga, porque Él es infinito y nosotros limitados. Jesús es quien juzga, porque es Hombre como nosotros; y al morir nos mostrará lo que hizo por nosotros y nos preguntará si acogimos su salvación.
Ningún pecado, aunque sea prolongado, tiene la última palabra ante el poder de Cristo. Jesús nos llama a dejar la postura de víctimas y asumir con esperanza el camino de conversión.