Necesitamos líderes con autoridad nacida de la coherencia, la verdad, la sabiduría, la fortaleza y la generosidad, capaces de conducir de nuevo a Dios los corazones que se han alejado del Evangelio.
Jesucristo no solo hace el bien, sino que nos llama a compartirlo. Cuando no damos testimonio, detenemos su difusión; por eso, es tiempo de recibir el bien y comunicarlo a los demás.