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Perder la espontaneidad de la infancia y contener nuestras ganas de cantar y bailar es un modo de mutilar nuestra esencia y el amor de nuestro corazón.
Hoy te comparto dos preguntas que pueden darte muchísima claridad sobre lo que estás haciendo con tu vida.
Mucho antes de que la navidad existiera, el 21 de diciembre se celebraba, en las tradiciones mágicas y espirituales, el retorno de la luz. Hoy día deberíamos aprovechar las energías que se acercan hasta nosotros ese día para agradecer y ampliar nuestra fe, nuestro compromiso y nuestra consciencia.
Una de las preguntas más poderosas que existen es “¿para qué?”, pero responderla requiere de mucho valor y honestidad, de lo contrario la responderá nuestro ego a través de porqués.
Si hemos nacido para gozar, ¿cómo es que nos da tanta vergüenza gozar? ¿Cómo es que no solemos saber lo que realmente nos nutre?
¿Qué le dejarías a la vida si tu existencia acabara hoy? Y ¿qué te llevarías de tu experiencia?
Un maestro no se hace cargo de la vida ni de las necesidades de un discípulo, por mucho que eso decepcione al ego del alumno.
¿Te has dado cuenta de que la paciencia te mantiene a la espera de que algo sea diferente? ¿Qué tal si dejamos de tener paciencia y trabajamos la aceptación?
La sensualidad está directamente relacionada con los cincos sentidos y no tiene por qué estar vinculada a la sexualidad. Deberían enseñarnos a potenciarla para que así nos diéramos el permiso de gozar.
Hoy te comparto una historia que a algún nivel todos hemos experimentado, con la esperanza de que recuperemos la consciencia de Dios.
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