Por Meli Cuitiño
Per Se Comunicación
Crítica – El humor después del humor
Dos personajes, dos actores, dos faldas. Dos masculinos que hacen del lenguaje un juego lúdico y brillante, donde la gracia surge de la propia materia prima de la palabra. La historia se teje entre semejanzas, resonancias y desvíos de la lengua, en un recorrido que es a la vez narrado, jugado y cantado.
A su manera, Pedro Paiva, uruguayo, despliega esa voz inconfundible que oscila entre el filósofo catedrático y la cadencia de una murga de su tierra. A su lado, Ale Orlando. Punto y aparte. El cordobés quien aporta cuerpo y canto, contrapunto y complicidad. Juntos logran una fórmula infalible: ritmo, tono, ensayo y elocuencia puestos al servicio de un humor exquisito.
La escena es mínima y perfecta: un atril, un diseño de luces impecable y dos intérpretes que convierten la palabra en música. Citando a filósofos como Descartes —“río, luego existo”—, Kant o Sócrates, pero también a Berni, Mozart o Beethoven, construyen un concierto teatral que cruza erudición, absurdo y carcajada.
El humor después del humor es eso: cadencia, soltura, voces profundas, un contrapunto constante que se complementa y se potencia. Dos artistas que se divierten y hacen divertir, recordándonos que el teatro, cuando es verdadero, es juego, inteligencia y celebración.