¿Está encendido el fuego de Dios en tu vida o has permitido que la complacencia apague la llama de la santidad? La historia de Elí nos enseña que la gloria no se hereda, se honra. Como real sacerdocio, tenemos la responsabilidad de mantener nuestros altares personales encendidos. ¿Qué necesitas cambiar para que el fuego divino arda continuamente en tu vida?