En la segunda lectura de hoy san Pablo se refiere con complacencia a la vivencia de fe de los Tesalonicenses, pues su testimonio llegó a ser ejemplo para otros cristianos. Esa calidad en la vivencia de la fe el Apóstol la expresa como un abandono de los ídolos y un servicio al Dios vivo, aguardando la venida de Jesús. La fe en Jesucristo como Salvador anima y sostiene la esperanza activa que se manifiesta en el esfuerzo serio por vivir la caridad. La fe obra mediante la caridad y ésta es expresión de la esperanza. No hay fe cristiana sin esperanza del cielo, realidad que se hará plenamente posible cuando el Señor venga como juez. Y no hay esperanza de cielo sin el ejercicio serio de caridad.