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En el área de lockers del gimnasio, el lugar menos pudoroso del mundo, entendí que Jay de la Cueva tenía toda la razón cuando dijo: “si mi delito es rockear, me declaro culpable, mi amor”.
By Fernando PeraltaEn el área de lockers del gimnasio, el lugar menos pudoroso del mundo, entendí que Jay de la Cueva tenía toda la razón cuando dijo: “si mi delito es rockear, me declaro culpable, mi amor”.