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El juicio de Dios no debe entenderse únicamente como castigo retributivo, sino como una expresión de su justicia y de su amor paternal hacia su pueblo. Cuando Dios disciplina, lo hace para corregir, purificar y restaurar, no para destruir sin propósito. Su disciplina revela que Él toma en serio el pecado, pero también que no abandona a los suyos en su rebeldía. Así como un padre corrige al hijo que ama, Dios permite pruebas, confrontaciones y consecuencias para llevar al arrepentimiento y a una fe genuina. De esta manera, el juicio disciplinario se convierte en un medio de gracia que humilla el corazón, produce santidad y reafirma la relación del hijo de Dios con su Señor.
By IglesiaelgranyosoyquitoEl juicio de Dios no debe entenderse únicamente como castigo retributivo, sino como una expresión de su justicia y de su amor paternal hacia su pueblo. Cuando Dios disciplina, lo hace para corregir, purificar y restaurar, no para destruir sin propósito. Su disciplina revela que Él toma en serio el pecado, pero también que no abandona a los suyos en su rebeldía. Así como un padre corrige al hijo que ama, Dios permite pruebas, confrontaciones y consecuencias para llevar al arrepentimiento y a una fe genuina. De esta manera, el juicio disciplinario se convierte en un medio de gracia que humilla el corazón, produce santidad y reafirma la relación del hijo de Dios con su Señor.