Jesucristo es el Hijo eterno de Dios, quien vino al mundo para cumplir perfectamente el plan de redención establecido por el Padre. Dios Padre proclamó su aprobación y complacencia hacia Jesucristo, declarando públicamente que Él es su Hijo amado. Esta declaración confirma la identidad divina de Cristo y muestra que Jesús no era un hombre enviado por Dios, era Dios. Su obediencia fue perfecta desde el inicio de su ministerio hasta la cruz, donde cumplió la obra de redención. Nuestra esperanza no está en nuestra propia justicia, sino en Cristo. Al estar unidos a Él por la fe, somos aceptados delante de Dios no por nuestros méritos, sino por la justicia perfecta de Jesucristo.